8 de septiembre de 2010

Misiones y Puerto Iguazú

Nos dirigimos con rumbo al norte, dejamos a nuestra espalda la vista de la gran ciudad de Buenos Aires, con mas de 12 millones de habitantes, dejamos atrás la hermosa selva de cemento, las orillas del Rio de la plata, las calles con gente alegre tomando mate y el intenso olor a humo de los incontables cigarrillos fumados en todos los momentos y ocaciones del día.

Lunita, lenta y quedada como siempre, aun pensamos que algo le sucede, hay alguna cosa que no le cuadra a la mecánica.


En el camino hacia San Ignacio, decidimos parar a tomar una foto en un letrero muy bonito que marca la ruta 12, nos detenemos, tomamos unas cuantas fotografías, encendemos nuevamente la Kombi y al arrancar, se rompe el cable del embrague.

Aunque no somos expertos en nada de cuestiones mecánicas, Jorge ya había cambiado el cable en Quito, se metió debajo del carro y manos a la obra, afortunadamente contábamos con un cable de repuesto. Notamos que el tubo por el que pasa el embrague se partió pero no hay como resolverlo cerca de este lugar, debíamos dejarlo pendiente. Después de unas 2 horas problema resuelto y a continuar por la ruta y buscar una estación de gasolina para pasar la noche.

Pasamos varios retenes de la policía, todos nos detienen, nos preguntan miles de cosas y miran demasiado serios. En un reten en Entre Ríos un policía nos detiene y nos dice que debe ponernos una multa ya que las bicicletas sobresalen mucho de la carrocería, como cosa rara, nos dice que si le pagamos en efectivo en ese momento nos rebaja la multa a la mitad. En fin, parece que esto es pan de cada día y acá en Argentina también sucede con los uniformados. Nos vamos con nuestra multa en el bolsillo por más de lo que nos imaginábamos a ver qué hacíamos más adelante.
Acompañados por un paisaje monótono de vegetación marrón, la carretera siempre plana que no deja de causarnos emoción y tranquilidad, muchos camiones que siempre se nos adelantan y el sol naranja a nuestra izquierda, acampamos cerca de la llegada a San Ignacio Mini.

Las Misiones jesuíticas son un conjunto de grandes ruinas de piedra construidos entre los siglos XVI y XVII donde se asentaron los Jesuitas con el fin de evangelizar a la población de indígenas guaraníes de la zona. Fue tal la compenetración que se tuvo la religión y el respeto por el estilo de vida y las costumbres de los indígenas que la corona española expulso a los Jesuitas de América después de unos 100 años.
Es un lugar que proporciona mucha paz, los sonidos se pierden entre los árboles y las paredes de roca de lo que quedó de las edificaciones. Es increíble encontrar lugares como este, cada rincón de nuestro continente cuenta con muchos, a veces hace falta escarbar un poco para poder encontrarlos. Los más lindos generalmente están bien escondidos o se salen de la ruta del turista convencional.

Andamos unos kilómetros más hasta llegar a Puerto Iguazú, la conocida y turística cuidad que ahora se encuentra llena de viajeros argentinos en vacaciones de invierno. Siendo pasada la noche parqueamos nuestra Kombi en un puesto de gasolina donde tuvimos dulces y fríos sueños. Muy temprano nos acercamos al parque, la entrada al extranjero un poco costosa a nuestro parecer, se paga 200% más que lo que paga el local, claro que este alto costo se repite en todos los parques nacionales de Argentina, es un turismo al que no todos pueden acceder.

Estamos en temporada alta y el parque llenísimo, largas colas para ir a todo lugar.


Llegamos a la estación garganta del diablo, caminamos por unas pasarelas de 2 kms sobre el rio, que retumbaba con el pasar de la cantidad de personas, se escucha la caída violenta del agua el precipicio y cada vez el sonido se va haciendo más intenso.

Al llegar una impresionante vista de la garganta del diablo, ahora con un gran caudal que no deja ver muy bien el fondo, entre apretujones nos acercamos al mirador. La sensación es muy difícil de describir, el agua se mueve y a veces parece que en cámara lenta, miles de partículas microscópicas nublan el ambiente y da lugar a que se forme un gran arcoíris.

Que inmensa y bella eres naturaleza! Al mirarnos notamos que algunas lágrimas salen de nuestros ojos, estamos muy impactados, al mirar a nuestro alrededor, vemos varias personas llorando y secándose las lagrimas.


Caminamos varias horas y vimos lo que más pudimos de esta maravilla de la naturaleza. El sonido ensordecedor de las aguas rompiendo contra las rocas y cayendo al precipicio, la inmensidad del arcoíris que fluctuaba con la presencia de los rayos del sol y los distintos tonos del agua cayendo queda como imagen imborrable en nuestras mentes.

Después de una noche de camping junto a las casas rodantes, salimos rumbo a la frontera con Brasil, contentos y satisfechos por cada cosa vivida en Argentina y un punto más que completa nuestra felicidad, el clima se hace más soportable y el frio tiende a desaparecer.
Recordamos que tenemos roto el tubo que lleva el embrague y vamos a un taller donde los sueldan lo mejor que pueden. En este lugar, nos dicen que se puede pasar a Cuidad del Este Paraguay en un pequeño ferri a bajo costo y nosotros que siempre queremos hacer algo diferente nos vamos rumbo a la estación de embarque para pasar a Paraguay.